La llegada de la novia es el momento de máxima expectación. Aumenta el nerviosismo cuando los invitados que aguardan en la puerta de la iglesia ven aparecer un majestuoso coche nupcial. La protagonista va dentro, no puede ser un vehículo cualquiera. Al igual que con el resto de la organización de la boda, la elección del coche debe hacerse con buen gusto.
Triunfan los modelos clásicos (Rolls Royce, Cadillac, Mercedes, Jaguar o Bentley…) que aportan glamour y sofisticación; sin embargo, lo más acertado es elegir el modelo de manera que se adapte al estilo de los novios y al tipo de ceremonia. No es apropiado, por ejemplo, llegar en un Porsche o Ferrari -otros de los favoritos-, si el matrimonio va a celebrarse en una pequeña iglesia rústica. Del mismo modo, para una boda desenfadada puedes optar por un entrañable Volkswagen escarabajo.






